martes, octubre 31, 2006

EL SANTO FINAL

Al santo grial
lo tengo yo,
en casa.
A veces es mi vajilla,
A veces mi cenicero,
Y a veces lo uso para orinar.
Incluso lo usamos para sostener
las gárgaras que palpitan
mis dientes/
Lo gane en una rifa
del centro de jubilados
y ningún mundano sabrá
de su paradero.
Ni siquiera Indiana Jones/
Tiene filo en sus caderas,
huellas turbias
y migas de pan fosilizadas/
El cuerpo y la sangre del
mismísimo Jesús
suprimieron mis pecados.
Y quedaron en ruinas,
como el misterio.
El mismo que no vendo ni calco
aunque Dios
me probara su existencia.

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